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Santidad en el Paraguay
CHIQUITUNGA, ABRAZADA A JESÚS EUCARISTÍA

Por: Fray Flaminio Benítez Ortiz, OCD

 

La experiencia eucarística que Chiquitunga tuvo desde muy temprana edad y a lo largo de su vida nos compromete a una existencia eucarística en este año. Ella, como joven comprometida con la Iglesia de su época, vivió la amistad con Cristo e hizo crecer su amor a la Eucaristía, a “Jesús Hostia” (DA, p. 47), acogiendo y viviendo las gracias eucarísticas que la Iglesia le ofrecía, y que sigue ofreciéndolas a todos nosotros, los cristianos de hoy. Especialmente, en este año, la Iglesia nos ofrece la oportunidad de que descubramos y acojamos la belleza de la Eucaristía y de       que enraícenos en nuestra vida la palabra de Jesús y la comunión con él.

El recuerdo de las gracias eucarísticas recibidas de la Iglesia por Chiquitunga y vividas por ella en el servicio pastoral que ha realizado, también “nos desafía” hoy, especialmente a nosotros, los jóvenes, a realizar todas nuestras actividades personales y pastorales con un corazón enamorado de “Jesús Hostia” y vivir “abrazado a Cristo Jesús” por la asidua y activa participación en la misa, por el continuo trato de amistad con Jesús y por la frecuente adoración eucarística, como hizo de la suya la Venerable María Felicia, quien vivió abrazada a Cristo Crucificado, contemplando y viviendo su misterio pascual con los ojos fijos en la eucaristía. Veamos esas gracias recibidas de la Iglesia y vividas por Chiquitunga.

 

1.La Primera Comunión: Recordándola, Chiquitunga afirma: “Nunca se borrará de mi mente el recuerdo del día más feliz de mi vida, el día de la primera unión con mi Dios, y el punto de donde parte mi resolución de ser cada día más buena y mejor” (Ap. I, 11, 1). Felicidad vital, unión con su Dios y resolución personal por la bondad y el crecimiento procesual (“ser cada día más buena y mejor”), conforman la experiencia de Chiquitunga en el día de su primera comunión.

La profunda alegría de vivir, la unión con Dios por medio de la comunión y la oración-adoración, y el crecimiento en el servicio pastoral y en la consagración a Dios serán las características fundamentales no sólo de su experiencia eucarística sino de toda su existencia espiritual. Estas notas distintivas de su espiritualidad se irán intensificando hasta convertirse en los grandes valores de su vida y desembocar en sus ansias de ofrecimiento total a Dios, tal como se refleja en el siguiente trozo de poema: “…yo sólo ansiaba ser buena, //  yo sólo ansiaba tu amor, // dar TODO aquí en este suelo // en aras de tu Pasión…” (DA, p. 53). 

La memoria de la primera experiencia eucarística de Chiquitunga nos lanza a preguntarnos: ¿Qué impresión ha dejado en mí mi primera comunión? ¿Cómo la viví? ¿Qué resolución-decisión personal ha despertado en mí la comunión eucarística? ¿Cuáles son los valores a que me compromete la comunión?

 

2. El año eucarístico y el primer Congreso Eucarístico Nacional: Mons. Sinforiano Bogarín inició el Año Eucarístico en agosto de 1936, para acrecentar la fortaleza espiritual y la reconstrucción nacional después de la guerra del Chaco. En todo el país se realizaron actos eucarísticos, catequesis, procesiones y adoraciones eucarísticas. Este acontecimiento culminó con el Primer Congreso Eucarístico Nacional, cuyas celebraciones centrales fueron entre el 18 y 22 de agosto de 1937. Chiquitunga tenía 12 años.

El año eucarístico marcó su vida espiritual y despertó en ella la gran “devoción y su amor a la Eucaristía” (DA, p. 28), amor que fue progresivamente creciendo en ella hasta el fin de su vida. 

Recordar el amor de Chiquitunga a “Jesús Hostia” (DA, p. 47), en este contexto del Año Eucarístico, nos desafía a ser grandes enamorados de Jesús-Eucaristía, crecer en el deseo de dejarnos alimentar por él y de ser verdaderos adoradores de su misterio. En forma personal, ¿dejaré que este año de gracia eucarística me haga crecer en el amor a Jesús Eucaristía? ¿Cómo puedo mostrar me siento amado por Jesús Eucaristía?

 

3. La asidua y activa participación en la Santa Misa: Todos los escritos de Chiquitunga y todos los testimonios sobre su vida nos hablan de la asidua, activa y fructífera participación de María Felicia en las celebraciones de la Misa. Ella comenzó a escribir su Diario A en el día de “la grandiosa fiesta de «Jesús Eucaristía»” (DA, p. 46) y culminó diciendo que “Jesús Eucaristía” es su “Dueño” (DA, p. 246). Pero, en todos sus escritos, prosaicos y poéticos, cualquier lector podrá percibir cómo ella llegaba diariamente a las “plantas” de su “dulce Maestro y Señor” (DA, p. 52): “¡Y qué sería de mí sin ese alimento diario de la Sagrada Eucaristía!” (DA, p. 72-73). La participación en la misa era su hábitat personal.

Como cristiano que soy, ¿me animo y me propongo a participar habitual y activamente en las celebraciones eucarísticas guardando el cuidado de la emergencia sanitaria? ¿Me comprometo a comulgar más en este año de la gracia?

 

4. La adoración eucarística: Chiquitunga fue una gran adoradora de la Eucaristía. Ama al Señor-Eucarístico y quiere amarlo más y más: “Dadme, sobre todo, ¡mucho, mucho amor!; ardiente amor a Ti, Jesús Eucaristía” (DA, p. 224). Es su Amado: con Él hace su cita y va presurosa a su encuentro. Llega junto a “Jesús Hostia”, se pone a sus “plantas”, está a su “lado”; habla y se desahoga con él. Es su íntimo amigo y confidente fiel (DA, pp. 77; 125; 133). Ante Él se ubica y se establece en la vida. Así, la adoración eucarística es el puesto existencial y eclesial de Chiquitunga: “Mi lugar está junto a Vos, Jesús Eucaristía;  aquí en el anonimato, en el silencio, en el trabajo pequeño pero empeñoso de mil pequeñas cositas” (DA, p. 101).

Jesús Eucaristía es su refugio, es la fuente de su fortaleza apostólica. Ella reconoce que la gracia de la Eucaristía la sostiene en el ser, le da consuelo, fortaleza, bendición (DA 125). Ante Él y por Él renueva continuamente su consagración al Apostolado, su deseo de entrega total (DA, pp. 142-143). Así, junto a Jesús Eucaristía, descubre “el verdadero amor”: “Te ruego que en ningún momento desfallezcamos, antes bien, Jesús Hostia, nos convenzamos de que ¡el verdadero amor está ahí,  junto a Ti,  en Ti mismo, Señor!” (DA, p. 47).

Personalmente, ¿qué importancia le doy a la adoración eucarística? ¿La practico? ¿Descubro mi lugar junto a Jesús Eucaristía? Y como miembro de la Iglesia, ¿nos comprometemos a dedicar nuestro tiempo y a participar de la adoración Eucarística? ¿Reconocemos a Jesús Hostia como “el verdadero amor” de nuestra vida? ¿Lo experimentamos como nuestro Amigo y confidente fiel?