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Lectura Orante
Domingo 4° durante el año (Ciclo B)

Por: P. Denis Báez Romero, SDB

 

Queridos amigos, para este 4to Domingo del tiempo Ordinario, rezamos con el Evangelio según san Marcos 1, 21-28 (B)

Invocación al Dios
Padre, que tus enseñanzas toquen nuestros corazones, renovando nuestras vidas y predisponiéndonos a expulsar el espíritu inmundo que nos aleja de ti y nos vuelve ciegos por el pecado.

Análisis de contenido
Queridos amigos: En la lectura del domingo anterior hemos escuchado la llamada que Jesús hace a los primeros cuatro discípulos y el anuncio de la predicación del Evangelio del Reino de Dios. Hoy estamos escuchando un mensaje sobre el poder sanador y liberador de Jesús, quien, en la sinagoga de Cafarnaum, expulsa un espíritu maligno.

El texto nos sitúa en Cafarnaum, en un sábado, día en que los judíos normalmente se reúnen para escuchar la proclamación de la Ley y poder así ser más radicales en cumplir lo que ella manda. Ellos, semana a semana, escuchaban un testimonio repetitivo de la enseñanza de la Ley, una rutina, una noticia vieja. Sin embargo, la enseñanza de Jesús era diferente, por su vivencia y por su testimonio: Él hablaba y actuaba con autoridad. Anunciaba una noticia diferente, que liberaba y acercaba a Dios. También nosotros estamos invitados a aprender de Jesús, y a dar testimonio de la Palabra en nuestra comunidad.

Luego que Jesús había proclamado la Palabra de Dios en la sinagoga, enseñando de forma diferente, y había propuesto un anuncio actualizado, una persona de entre los que le escuchaban, gritó: ¿Has venido para acabar con nosotros? La enseñanza de Jesús toca el interior de la persona; por eso, aquel hombre se sintió amenazado. Jesús, al tocar nuestro corazón, renueva nuestra vida, nos abre a la escucha de su Palabra y nos predispone a sacar ese “espíritu inmundo” que nos impide seguir escuchándole.

Las palabras de Jesús tienen eficacia; basta solamente que diga: “Cállate y sal de este hombre”, para que el endemoniado quede liberado. Solamente la palabra del “Santo de Dios” libera del mal, y permite encontrarse consigo mismo y con Dios.

El espíritu inmundo que tenemos adentro lucha con todas sus fuerzas para poseernos: “El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre”. Jesús Nazareno es la Palabra que nos cura y nos libera del opresor, del Maligno. De la escucha de la Palabra y de nuestra apertura interior depende que Dios en adelante posea nuestra vida.

En nuestras asambleas dominicales, estamos invitados a escuchar la Palabra de Dios y las enseñanzas que se derivan de ella, para que seamos capaces de actualizarla en nuestras actividades cotidianas. La Palabra de Dios es la que nos abre el camino hacia la paz interior, nos libera de la atadura del demonio, nos enseña a vivir del amor y nos sana del auto engaño de conocer toda la Ley.

Para vivir una vida cristiana auténtica y profunda
En las reuniones dominicales en las que participamos, ¿cuál es nuestra actitud frente a la Palabra de Dios? ¿Cuál es el espíritu inmundo que nos impide escuchar atentamente la Palabra? ¿Somos rígidos en exigir a los demás que la cumplan, mientras nosotros mismos nos endurecemos en nuestros conceptos? ¿Cuáles son los pasos que debemos dar para liberarnos de esta atadura?