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Año dedicado a la Palabra de Dios
DIOS SE HA HECHO HOMBRE PARA QUEDARSE AQUÍ

Por: Mons. Guillermo Steckling, OMI

 

SAN PABLO Paraguay agradece a Mons. Guillermo Steckling, OMI, obispo de Ciudad del Este y Responsable de la Coordinación de Animación Bíblica de la Pastoral (ABP) del Paraguay, por tener la deferencia de compartirnos su reflexión, para dar cierre al Año de la Palabra en el país.

 

El año 2020 ha sido declarado en el Pa­raguay el Año de la Palabra de Dios, con el lema “Nos ardía el corazón cuando nos explicaba las Escrituras” (cf Lc 24,32). 

Cuando hablamos de la Biblia o usamos la expresión “Palabra de Dios”, ¿nos referimos a la misma cosa? La respuesta es “no siem­pre”. Dios se comunica con nosotros, pero lo hace de diferentes formas. Ciertamente, a través de la Biblia Dios dialoga con no­sotros de una manera especial. Tomemos por ejemplo las lecturas de la Santa Misa –transmitidas ya la centésima vez por la presente publicación– u oraciones como el Padre Nuestro o el Ave María: ahí, cada palabra puede ser una roca sobre la cual construir nuestras vidas. Pero también hay que decir que ésta no es la única forma con la que Dios habla. Todos percibimos la voz de Dios en la naturaleza, en las cosas que suceden en el mundo, y en los aconteci­mientos de nuestra vida personal. 

¿Cómo se relacionan entre ellas estas for­mas con que Dios se expresa? Se comple­mentan. Si quisiéramos ver en la Biblia sólo un libro del pasado, ella nos diría muy poco. Por el otro lado, también muchas veces las cosas que suceden a nuestro alrededor no nos tienen sentido. No logramos percibir la voz de Dios detrás de todo lo que sucede. ¡Todo sería diferente si logramos conectar lo uno a lo otro! Entonces alguna frase de la Biblia de repente nos llama la atención y tenemos la impresión de que fue dicha especialmente para nosotros. Y también, podemos percibir la voz amorosa de Dios en lo que sucede alrededor y lo conecta­mos todo con la historia de la salvación. Si logramos esto ya no estaremos solos. Sentiremos la presencia de muchos com­pañeros de camino: hombres y mujeres de fe del presente y del pasado. Podremos descubrir que de verdad Dios se ha hecho hombre para quedarse aquí, que es como un familiar cercano.

En la exhortación postsinodal Verbum Domini del año 2008 se añade un punto más sobre la Palabra de Dios. A veces Dios nos habla también por el silencio. Dice el papa Benedicto XVI: “El silencio de Dios prolonga sus palabras precedentes… [en] la revelación cristiana, el silencio aparece como una expresión importante de la Palabra de Dios” (VD 21). Jesús se sintió abandonado en la cruz (Mt 27,46). Sin embargo, en la cruz él o nosotros no nos enfrentamos con un silencio vacío, sino con “una expresión importante de la Palabra de Dios”. Un silencio llenó del grito y del deseo que surgen cuando sentimos una ardiente sed de Dios. Finalmente llegaremos a saber que no nos abandona nunca. Escucharemos de nuevo su voz descubriendo que él nos sigue hablando. “¿No nos ardía el corazón cuando nos explicaba las Escrituras?” ¡Les deseo una feliz conclusión del Año de la Palabra de Dios!