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DOMINGO 4° DE PASCUA

Por: P. Denis Báez Romero, SDB

 

 

Queridos hermanos, para este Domingo del Buen Pastor, leemos juntos nuestra Biblia, en la cita: San Juan 10, 1-10

Invocación al Espíritu de Dios:

Señor Jesús, Tú que eres el Buen Pastor, dame un corazón generoso y lleno de bondad, para que, junto con mis hermanos, pueda compartir tu Palabra que conduce a la salvación. Tú que eres la puerta de la vida, concédeme la gracia de saber entrar por la puerta que tú me señalas, y enséñame a escuchar siempre tu voz y a reconocerte en los hermanos, para que todos tengamos vida en abundancia. iTú eres la salvación!

Analizamos el contenido: 

Queridos amigos: Estamos aún en el clima que genera el ambiente pascual y sigue resonando todavía en nuestros oídos la lectura del domingo pasado sobre los discípulos de Emaús, los peregrinos que acompañan al  “Buen Pastor”, Jesús. Él no les deja solos, sino que se interesa por sus necesidades, se preocupa para que tengan “pasto”; y los alimenta con la frescura de la Escritura, para que tengan vida en abundancia.

Esta relación íntima con el Buen Pastor nos invita también a nosotros a caminar con él, a emprender el viaje hacia nuevos pastos. Esto implica pertenecer a su corral y ser ovejas de su propiedad, para poder alimentarnos de la savia que mana de él, y así asegurarnos la vida.

Pertenecer a su corral es fundamento de la vida cristiana auténtica. Esa pertenencia implica algunas características que es necesario tener en cuenta para no confundirse con el llamado de los falsos pastores, que intentan sutilmente seducir con su voz a los creyentes.

Ante todo, saber “escuchar”: distinguir entre las varias voces aquella que es la del auténtico pastor. No dejarse aturdir por otras voces. No es simplemente ver, sino saber escuchar. El oído debe estar entrenado para la escucha de la Palabra de Dios.

Al escuchar y diferenciar esa voz, debemos ser “capaces de seguirlo”, emprender el camino a su lado, abrir nuestros ojos, atender a la oración y a la escucha de la Palabra de Dios. Seguir el timbre de su voz implica entrar por la puerta verdadera para reposar en él.

El maestro se identifica con la “puerta de las ovejas”; entrar por ella es tener la certeza de que hemos escuchado con claridad su voz. Para los creyentes, la Iglesia es la puerta por donde debemos entrar y estar en constante comunicación con Jesús, escuchándolo. A través de él podemos entrar; él es el que nos permite pasar. Reconocer la puerta es conocer a Dios a través de Jesús. Por eso, el evangelista remarca que si uno pasa por otra parte es “ladrón y asaltante”; mientras que, si se pasa por él, él mismo nos anuncia la vida: “a través de mí tendrán vida”.

Pedro, como “pastor”, ha buscado seguir al Buen Pastor como modelo para su vida: es para nosotros ejemplo a imitar, en el seguimiento de las huellas del Maestro. Pedro ha recibido la misión de parte de Dios de reunir a todos aquellos que van por el camino, para que nadie se disperse. Para que todos puedan compartir el mismo corral y alimentarse de las enseñanzas recibidas de Jesús.

Como creyentes, en nuestra vivencia cotidiana: ¿somos capaces de tener atentos los oídos para escuchar la voz del Pastor, que nos habla en su Palabra?  ¿Somos capaces de abrir las puertas a los otros para vivir cotidianamente el encuentro con Cristo a través de la oración?