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Pastoral Litúrgica
EL SACRAMENTO CUARESMAL

Por: Pbro. Augusto Salcedo

El autor realiza una valiosa síntesis para ayudarnos a preparar el itinerario cuaresmal, haciendo dialogar a la Liturgia con la Palabra de Dios, y desde esa integralidad, poder propiciar el encuentro de la comunidad que celebra.

 

ORACIÓN COLECTA DEL Iº DOMINGO DE CUARESMA

Dios todopoderoso, por medio de las prácticas anuales

del sacramento cuaresmal concédenos progresar

en el conocimiento del misterio de Cristo,

y conseguir sus frutos con una conducta digna.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...

 

Notas introductorias  

  • Desde finales del siglo II ya existe en la Iglesia un período de preparación para la Pascua, de fuerte contenido bautismal por tratarse de un tiempo de catecumenado, de preparación para quienes serían bautizados luego en la Pascua.
  • La Cuaresma está inspirada en los 40 días que pasó el Señor Jesucristo en el desierto, tentado por el Malo. La victoria de Cristo en el desierto es anticipo de su Victoria definitiva sobre la muerte y el pecado por el Misterio pascual.
  • El camino cuaresmal parte del día Miércoles con la imposición de cenizas. Es un gesto austero que nos recuerda la caducidad de la vida humana junto a la necesidad de convertir el corazón, pues Dios nos llama a la santidad. Este gesto penitencial va unido a la abstinencia y al ayuno cuaresmal que la Iglesia vive especialmente en este día (y luego lo realizará también el Viernes Santo). Vale la pena meditar y orar con la Antífona de entrada de la Misa del Miércoles de cenizas: «Te compadeces de todos, Señor, y no aborreces nada de lo que hiciste; pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan, y los perdonas, porque tú eres nuestro Dios y Señor» (del libro de laSabiduría 11, 23-24).
  • Tras el Miércoles de cenizas, la Cuaresma se configura con cinco Domingos y sus correspondientes semanas. Cada Evangelio del Domingo dará a la semana su matiz o temática particular, según el ciclo litúrgico que se celebre A, B o C. Este 2019 estamos transitando el Año C.
  • El Misal Romano nos recuerda que: En este tiempo se prohíbe adornar con flores el altar y se permiten los instrumentos musicales solo para sostener el canto. Se exceptúan, sin embargo, el domingo «Lætare» (IV de Cuaresma, uso potestativo del color rosa) y las solemnidades y fiestas que deban celebrarse dentro de la Cuaresma; por ejemplo, San José (19.03) y la Anunciación del Señor (25.03).
  • Este camino o itinerario cuaresmal se convierte en un signo sagrado, en un sacramento del tiempo, por ser portador de una penitencia gozosa frente al Señor, a través de sus celebraciones –especialmente en la Eucaristía y en la Reconciliación–, la Palabra proclamada y meditada, la oración comunitaria de la Liturgia de las Horas, los actos de penitencia, el ayuno y las obras de caridad, los ejercicios de piedad como el Vía Crucis…
  • Por todo esto, la Cuaresma es un tiempo especial de conversión y de gracia, un camino espiritual por el que toda la Iglesia recorre iluminada por el fulgor de la Pascua del Señor, hacia donde orientamos nuestras vidas.

 

La conversión como retorno al Padre y deseo de la novedad en Cristo, por su Espíritu

  • La Cuaresma es un itinerario de penitencia en orden a la conversión personal y comunitaria. La conversión siempre es un don, jamás es el esfuerzo voluntarista. Porque Dios es quien nos llama a ser “santos e irreprochables ante Él por el amor” (Efesios 1,4).
  • Las cenizas son signo de luto, de muerte, un gesto de penitencia y de necesidad de conversión. La imposición de cenizas es un gesto que recuerda la antigua usanza de los penitentes en la Iglesia cristiana de los primeros siglos, quienes revestidos de harapos y con cilicio manifestaban su arrepentimiento junto al compromiso de convertirse. Cuando la penitencia dejó de ser pública (es decir, con un mayor aspectos comunitario), en el siglo XI el gesto de imponer cenizas se universalizó para su uso en la liturgia cuaresmal.
  • Todo este camino de preparación para la Pascua tiene un fuerte carácter de renovación espiritual por medio del ayuno, la oración y la limosna (Mt 6,1-18). El ayuno, la oración y la limosna (o misericordia) constituyen juntos la vuelta a la completa reconciliación, la restauración de la comunión que el pecado rompe.

- La oración nos devuelve la comunión con Dios.

- La limosna unidad a la caridad y a la misericordia nos reconcilian con los hermanos.

- el ayuno manifiesta el dominio de sí, la lucha contra las pasiones malas y el propio egoísmo, para reconciliarnos con nosotros mismos.

 

Oración Colecta del Miércoles de cenizas

Concédenos, Señor, comenzar el combate cristiano con el ayuno santo,
para que, al luchar contra los enemigos espirituales,
seamos fortalecidos con la ayuda de la austeridad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...

 

A la escucha de la Palabra

  • Por esta condición de penitencia gozosa a través del ayuno, la oración y la limosna, la Cuaresma conservó en su origen un fuerte carácter catecumenal hacia el bautismo en la Pascua. La preparación comunitaria desde la penitencia y la purificación de los pecados, junto a la iluminación por medio de la Palabra de Dios proclamada y escuchada, nos deben ayudar a recuperar la Cuaresma en su doble matiz bautismal y penitencial, en la doble línea de la escucha asidua de la Palabra y la dedicación a la oración.
  • La Cuaresma no puede reducirse a la simpleza del Vía Crucis ni mucho menos a una vivencia sólo rutinaria de cada Eucaristía. La Palabra de Dios debe nutrir realmente la vida de los creyentes. De esto serán responsables tanto pastores como fieles, a través de la predicación y la catequesis, la escucha atenta y la conversión –en cuanto don y tarea– a la luz de la Palabra.
  • La Cuaresma es un camino de fe más consciente, que nos dispone a una escucha más atenta y frecuente de la Palabra de Dios, en el marco de una oración intensa, que puede darse como lucha o combate espiritual (ascesis-purificación) o como experiencia de gloria, de victoria (mística-iluminación), siempre en comunión con Dios.
  • La Cuaresma es tiempo de purificación (renuncia al pecado, necesidad de conversión, ayuno) y de iluminación (catequesis, escucha de la Palabra, oración comunitaria y personal).
  • El rito del Effetá: Es la invocación del Espíritu Santo para que se abran los oídos a la escucha de la Palabra, y los labios para la oración de alabanza al Señor. Es esta la capacitación que nos dispone al pleno diálogo de la salvación.
  • Iniciada el Miércoles de cenizas, la Cuaresma se desarrolla en cinco Domingos y sus correspondientes semanas. Cada Evangelio del Domingo dará a la semana su matiz o temática particular. Para ilustrarnos mejor, el siguiente artículo: http://www.sanpablo.com.py/noticia.php?id=117
  • El paradigma del Año A: Los cinco Domingos de Cuaresma presentan a Cristo como Él será manifestado en la Noche de la Pascua: vencedor del mal, transfigurado en la gloria, fuente del agua de vida por el Espíritu Santo, luz del mundo y resurrección de todos. Este esquema de reproduce también en los otros ciclos (B y C) desde ópticas diferentes, pero siempre centrados en el Cristo glorificado.

 

Hombres nuevos en Cristo, por el Espíritu Santo

Es el Espíritu el protagonista silencioso del camino del Señor Jesús hacia la Pascua. Es quien lo impulsa al desierto, lo lleva hacia Jerusalén, lo consuela en su pasión, hasta dar la vida por todos para purificarnos, rescatarnos de la muerte y así darnos la Vida nueva. Es también el Espíritu Santo quien dirige los pasos de la Iglesia por el camino cuaresmal, hacia la Pascua, acompaña e impulsa a los catecúmenos hacia el Bautismo, ilumina los corazones creyentes en este tiempo especial de escucha de la Palabra y de oración llena de esperanza.

 

«Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica

con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne,

¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno

se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas

nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!»

Hebreos 9,13-14